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miércoles, 16 de abril de 2008

Aquí y Ahora



De buena gana toma los regalos de la hora presente
y deja de lado los pensamientos molestos.
Séneca


En una terapia fenomenológica como lo es la Gestalt, el aquí y ahora adquiere una gran importancia: es en el ahora que tiene lugar el darse cuenta actual del paciente. Es por eso que comienzo algunas sesiones de terapia de grupo con una revisión de lo que “en este momento” experimentan los participantes. “¿Cómo están?”, es mi pregunta, como facilitador, a lo que le siguen respuestas del tipo: “Me siento tranquilo”, “A mí me duele la cabeza”, “Yo estoy confundido”, entre otras. Desde el inicio de la sesión insisto en “regresar” constantemente al aquí y ahora, ya que en terapia Gestalt, lo que importa es la vivencia presente, la experiencia directa, el sentimiento del momento. Esta intervención ya es terapéutica en sí misma.[1]

Así, a lo largo de toda la sesión, pongo plena atención a las formas en que el paciente se aleja de su experiencia presente, evadiendo algún sentimiento, pensamiento o alguna acción. Me aseguro una y otra vez que el paciente retorne a vivenciar lo que intenta eludir. Utilizo diversas técnicas: le pido al paciente que narre la situación que ya vivió en presente como si la estuviera viviendo ahora, para lo cual le pido que cierre lo ojos y se conecte con su vivencia; lo mismo puedo hacer con respecto a las fantasías imaginadas por el paciente con respecto al futuro; evito que el paciente hable “acerca de” una persona y promuevo su confrontación mediante la fantasía en el consultorio; si en un grupo alguno de los participantes tiene un sentimiento hacia otro, le pido que le exprese directamente cómo se siente; en la primera sesión de terapia individual, al iniciar o al finalizar, me gusta preguntarle al paciente cómo se siente con respecto a mí y con respecto al consultorio; cuando describo fenomenológicamente el lenguaje corporal de mi paciente, también lo estoy centrando en el presente; mediante el psicodrama traigo al presente un sueño que tuvo o una situación que vivió mi paciente; le pido al paciente que ponga atención a aquello que entra en su campo presente de atención y lo exprese, con lo que generalmente logra darse cuenta de alguna incomodidad, idea o una acción tendiente a evitar su experiencia presente; en otras ocasiones, simplemente le comunico verbalmente que se está alejando del presente.

Dentro del manejo del grupo prescribo el “centrarse en el presente” y establezco una de las reglas primordiales del funcionamiento del grupo: “hablo en presente y en primera persona, y le hablo directamente a la persona a la que quiero comunicarle algo”. Al centrarme en el presente me responsabilizo de mis pensamientos, sentimientos y acciones, y los experimento en toda su plenitud.[2]

El estar aquí y ahora es un objetivo inmediato en la terapia Gestalt, puesto que sólo lo que experimento en este momento con respecto al pasado, presente o futuro es real. Sólo la tensión que siento en mi estómago en este momento es real; sólo el miedo que experimento con respecto a una futura entrevista de trabajo es real; sólo la forma en que me estoy relacionando con el terapeuta o el paciente en este momento es real. En terapia Gestalt trabajo únicamente con lo real, lo tangible, lo obvio, lo perceptible. En el aquí y ahora decido hacer un cambio con respecto a mi actuar, pensar o sentir. Además, el estar aquí y ahora es un objetivo mediato en la terapia Gestalt: en la medida en que, como paciente, me encuentro constantemente en el presente, aprendo una nueva forma de “estar en el mundo”.

Al “centrarme en el presente” me permito vivenciar en lugar de manipular, me permito “estar abierto a la experiencia y aceptarla en lugar de detenerme y ponerme a la defensiva ante las posibilidades que se me presentan”. Cuando me rindo ante el presente, acepto que “las cosas, en este momento, son de la única manera que pueden ser”. Cuando acepto mi experiencia presente no necesito emitir juicios, y dejo de hacerlo: todo está bien, nada es bueno ni malo, simplemente es. Si, en mi papel de terapeuta, dejo que las cosas sucedan, que sean, si “estoy disponible”, “no me entrometo”, “no empujo el río, porque fluye por sí mismo”, simplemente espero a que el paciente produzca alguna conducta que yo pueda aprovechar para el trabajo terapéutico, sin presionar, en contacto con él.

Al vivir conscientemente en el presente, no me preocupo por el mañana, ya que “el día de mañana habrá tiempo para preocuparse”; no actúo con base en mis fantasías catastróficas y sí confío plenamente en que “el mundo es un lugar bueno”, en que la vida, el universo me dará lo que necesito. Cuando me rindo ante el presente, retorno a mi inocencia y recupero mi confianza básica en la vida.[3]


[1] Yontef, G. (1995). Proceso y Diálogo en Psicoterapia Gestáltica. Cuatro Vientos: Chile.

[2] Naranjo, C. (1990). La Vieja y Novísima Gestalt. Cuatro Vientos: Chile.

[3] Naranjo, C. (1990). La Vieja y Novísima Gestalt. Cuatro Vientos: Chile.

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